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Enterese de esto

“El abuso sexual infantil es uno de los últimos tabúes de Occidente”

| 21 Marzo, 2014 at 10:16 am

La fotoperiodista Lorena Ros retrata en el libro ‘Unspoken’ a adultos que sufrieron vejaciones cuando eran menores

Un 25% de las mujeres y un 13% de los hombres sufrieron abuso sexual en las sociedades occidentales antes de los 17 años, según datos del Estudio de las Experiencias Adversas en la Niñez (ACE).

La fotoperiodista Lorena Ros (Barcelona, 1975) pone rostro a algunas de las personas hoy adultas que han sufrido estas vejaciones en su primer libro ‘Unspoken’ (Editorial Blume).

Ros, que vive a caballo entre Barcelona, Nueva York y Bombay, ha fotografiado a hombres y mujeres de España, Estados Unidos y México. Completa los retratos con las imágenes de los “lugares donde se ha cometido el abuso en algunos casos y en otros la memoria que tiene la persona de ello”, explica Ros, que trabaja para medios como ‘Newsweek’ y ‘The Sunday Times Magazine’ y ha colaborado para ‘La Vanguardia’, entre otros.

Un reportaje sobre la inmigración ilegal en España le valió un World Press Photo en 2001 y también obtuvo una mención de honor del prestigioso premio de fotoperiodismo sobre un proyecto de tráfico de mujeres nigerianas a Europa. Ahora su cámara y su mirada se han centrado en los supervivientes de aquellos niños y niñas que sufrieron abusos sexuales.

– Empezó estudiando humanidades y literatura, pero al final acabó siendo fotógrafa. ¿Cómo llegó a este mundo?
– La literatura me interesaba mucho por contar historias, pero nunca podía escribir porque era demasiada inquieta. Por otro lado, siempre me ha gustado viajar y la danza. Encontré en la fotografía el medio de expresión idóneo. Concurrían esas tres vertientes: contar historias visuales, viajar y el movimiento de estar con la cámara.

-¿Cómo empezó con la fotografía?
-Antes de estudiar fotografía en Londres estuve cinco años trabajando en un restaurante y buscándome la vida. Estaba muy perdida y cayó una cámara en mis manos. Me cautivó. Primero hice un curso de revelado en blanco y negro, luego un intensivo y más tarde el postgrado en Londres. Allí aprendí muchos conocimientos y herramientas para dedicarme profesionalmente.

– ¿Aquí no encontraba oportunidades?
– Me pasó desde el principio. También me he sentido más reconocida fuera de España que dentro.

– Uno de estos reconocimientos ha sido el World Press Photo. Usted ha retratado desde bandas latinas hasta el tráfico de mujeres nigerianas a Europa. Ahora publica un libro sobre los abusos sexuales en la infancia. ¿Por qué ha decidido abordar esta temática?

– Una noche iba por las Ramblas y me encontré a una de las mujeres nigerianas que fotografié. Incluso su fotografía estuvo expuesta en el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York con el World Press Photo. Después de haber hecho tantas fotografías, ganado premios…esa mujer continuaba en las Ramblas. Nada había cambiado en su vida.

– ¿Qué pensó cuando volvió a ver aquella mujer?
– Creía que el trabajo de fotoperiodista era para cambiar el mundo de alguna manera y considero que hay que denunciar las cosas que pasan en el mundo. Me chocó que hay una realidad muy cercana que nadie está documentando y era hora de empezar. Así surgió la idea del libro.

– ¿Cómo empezó a documentar este trabajo?
– Me puse en contacto con la Fundación Vicki Bernadet, que realiza un trabajo muy amplio e importante de sensibilización y concienciación sobre los abusos sexuales. A través de ellos estuve con un grupo de personas que había sufrido abusos sexuales en la infancia. Les expliqué mi idea y las razones. A partir de ahí empezamos a trabajar.

– ¿Cómo ha ido la experiencia?
– Ha sido un proceso lento de ocho años de trabajo. Las personas fotografiadas han estado de acuerdo en cada momento.

– ¿Qué es lo que le ha dado más importancia a la hora de hacer las fotografías?
– Ha sido una tarea difícil y complicada. No quería representarlos ni como héroes ni como víctimas, sino de una forma neutral aunque con algo roto en su interior obviamente, pero que han logrado recomponerse. Espero haber conseguido este equilibrio.

– ¿Qué le han dicho las personas que aparecen en el libro?
– El halago más grande que me han hecho en la vida ha sido de una de las personas retratadas. Me dijo: “Has fotografiado mi interior”.

– ¿Les costó mucho explicar su caso?
– Querían hablar sorprendentemente. Por ejemplo, muchas veces no lo hacen porque los medios de comunicación no les dan el interés suficiente o siempre es a un nivel muy sensacionalista. Es interesante dar otro punto de vista, poner cara a estas personas y no estigmatizarlas porque es parte del problema.

– Usted ha realizado este trabajo fotográfico en diversos países, ¿el abuso sexual infantil sigue siendo un tema tabú?
– Totalmente. Es uno de los últimos tabúes de las sociedades occidentales. Las personas no hablan si les ha ocurrido. Es un tema muy perturbador.

– En concreto, el libro recoge casos de personas de España, Estados Unidos y México. ¿Los abusos sexuales no entienden de fronteras?
– Para nada. Podría haber continuado este proyecto en muchos otros países. Los patrones se repiten en sociedades que son muy distintas e incluso las tácticas de los abusadores son muy similares. Es bastante espeluznante.

– La verdad que sí…
– Son personas siempre de mucha confianza con el niño, sino no se dejaría tampoco. No suele ser el extraño que da caramelos en la puerta del colegio sino que lo espeluznante es que es gente muy cercana, miembros de la comunidad respetados, como pueden ser profesores o eclesiásticos.

– Las fotografías del libro, que está disponible en librerías, van acompañadas de un texto en el que se explica la historia de la persona retratada y en algunos casos son los propios familiares que piden que no hablen de ello para que no se rompan familias. ¿Es algo que suele suceder?
– Hay poca denuncia y mucho encubrimiento. Por otro lado, está el tema legislativo. Cuando la persona ha sufrido los abusos en la infancia y está preparada para denunciar el caso a lo mejor ya ha prescrito. Es un tema muy complicado en el que hay poca conciencia social. Creo que la sociedad es cómplice, un niño no.

– ¿Qué se podría hacer para evitar esto?
– Es muy poco probable que un niño hable abiertamente porque el abusador se encarga de crear esa complicidad, ese secreto. La responsabilidad está en los adultos, en los padres, los profesores, los miembros de la comunidad, etcétera. Han de estar pendientes si hay algún síntoma y el abuso tendría que ser una de las posibilidades, pero que no se descarte automáticamente porque es muy duro el tema.

-¿Cómo las personas pueden pasar página de una situación así?
– Ser consciente de que esto ha ocurrido, tratarlo y buscar apoyo psicológico ya es el primer paso para poder llevar una vida normal El problema es que por la vergüenza o la culpabilidad que rodea todo este tema uno se lo guarda y de ahí vienen muchos otros problemas, como la anorexia, la drogadicción… La sociedad no está poniendo el dedo en el origen de muchas cosas.

– Por otro lado, usted ha vivido situaciones muy extremas y de riesgo en otros trabajos fotográficos retratando desde bandas latinas hasta el tráfico de mujeres nigerianas a Europa. ¿Cuál ha sido el momento que peor lo ha pasado?
– Hay muchos momentos. Cuando trabajé en el proyecto sobre el tráfico de mujeres nigerianas a Europa pasé mucho miedo en París.

– ¿Qué sucedió?
– Había un hotel lleno de nigerianas, pero el dueño no me dejaba entrar y me colé. Oí que subía por las escaleras y pasé miedo porque si él me hacía algo yo era quien había infringido la ley por estar dentro de la propiedad privada. Las mujeres nigerianas me escondieron en un lavabo. Ahora no tomaría esos riesgos.

– ¿Cómo ve el fotoperiodismo actualmente?
– Hay una crisis total en los medios de comunicación y el fotógrafo cada vez tiene menos opciones de acceder a esas situaciones. También está el tema de la digitalización aunque creo que no todo el mundo puede explicar una historia con una cámara. Lo que perdurará será la mirada de autor.

– ¿Hay algún tema que no pueda tratar la fotografía?
– Depende todo de la mirada. Todo se puede explicar con otros recursos o de una manera más conceptual.

– ¿Qué es más de digital o analógico?
– Los encargos para algunos medios de comunicación los hago en digital, pero en el libro es todo negativo de medio formato.

– ¿Ya tiene en mente nuevos proyectos?
– Acabo de ser madre y me estoy dedicando bastante a la maternidad. Antes de serlo empecé un proyecto sobre la industria del cine en la India que retomaré en algún momento.

Lea más en La Vanguardia.

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