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Voices for Children, rompiendo el ciclo del abuso y maltrato infantil

| 2 Febrero, 2015 at 09:19 am

La organización sin ánimo de lucro Voices for Children, que ha representado a más de 40,000 niños maltratados y abusados en 30 años, recaudó $800,000 en su reciente gala anual.

Su punto de mira se centra en programas como Aging Out, destinado a adolescentes que quedan fuera del sistema, y el Guardian ad Litem, GAL. Su meta es romper con el ciclo de abuso, abandono y negligencia que sufren los niños maltratados una generación tras otra.

El condado de Miami-Dade cuenta con 3,857 niños en acogida, pero “desafortunadamente nosotros solo representamos alrededor del 62 por ciento de estos niños, alrededor de 2000”, insiste Nelson Hincapié, presidente y CEO de Voices for Children.

“Tan importante como cambiar su vida es romper el ciclo de abuso, abandono y negligencia que vienen sufriendo generación tras generación”.

Son niños heridos, sin estabilidad emocional y con falta de amor. “Es increíble cómo con un poco de amor, un poco de dinero y con mucha dedicación podemos llegar a cambiar sus vidas”, se sorprende día a día Hincapié. “Lo único que necesitan es que alguien los escuche y esté ahí para ellos. Al principio es difícil romper esas paredes que tienen que crear para defenderse, pero una vez que se traspasan esa paredes, los cambios que hay son increíbles”.

Las necesidades de estos niños no han cambiado con el paso del tiempo, lo que sí es diferente es la forma de maltrato. “Es mucho más severo que antes porque estos ciclos se repiten. Los niños que estuvieron en foster care hace 15 o 20 años, ahora les estamos quitando a sus niños. Acumulan traumas. El dolor y daño causado a sus propios hijos es mucho peor que el sufrido por ellos”, asevera Hincapié.

La historia de Víctor Pulido es el ejemplo de cómo cambia la vida de un niño con un poco de ayuda por parte de organizaciones como Voices for Children. Pulido, quien vive en Miami, es un luchador incansable. Su madre intentó abortar sin éxito dos veces. Nada más nacer, lo dejó en casa de la abuela en Nicaragua.

“Todos me recordaban diariamente que yo no tenía que haber nacido, que mi madre no me quería. Me trataban como un animal prácticamente”, recuerda Pulido. “Sí, en casa de mi abuela tenía un hogar, pero no me daban nada. Tenía que ir a las calles a vender chicles, lustrar zapatos, pedir a la gente comida y dinero”.

Con 7 años su madre se lo llevó a vivir con ella a Guatemala. “Me usaba para que yo transportara drogas a diferentes colonias del país. Me ponían uniforme de estudiante y en mi mochila ponía las drogas y yo las iba a dejar”, relata con viveza. “A veces mi mama me ponía pistolas y drogas en mis piernas, después el pantalón y me mandaba a prisión para que se lo diera a sus amigos”.

Junto a su madre conoció el mundo de las drogas, las armas y los indocumentados. Primero fue el transportista de drogas y armas de su madre hasta los 9 años. Tras una redada en la casa materna, la policía incautó grandes cantidades de drogas y armas y detuvo a muchos indocumentados. Pulido entró en un orfanato en Guatemala, de los 9 a los 13 años y medio. “No estaba bien, pero un poco mejor comparado con la casa de mi madre y con mi abuela”, menciona sin dar detalles.

A los 13 años, su madre volvió a buscarlo para trabajar como ayudante de su padrastro, un coyote. “Un pollero con el que hacía viajes desde Panamá, donde recogía a unos 20 o 30 inmigrantes indocumentados de Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Ecuador, Guatemala y los cruzábamos en la frontera del Río Grande en Brownsville, Texas. Luego hacía solo los viajes con los indocumentados, que tampoco tenían dinero y acababan pasando droga también para pagar el viaje”, explica.

“Después de cruzar, los indocumentados me daban la droga y yo esperaba a que vinieran a recogerla la gente de Texas. Cuando la recogían, los inmigrantes se iban y yo me regresaba a Monterrey con mi padrastro. Y empezábamos otra vez la gira en Guatemala, donde descansábamos una semana o dos. Y volvía a Panamá”, describe.

El mismo día de su 15 cumpleaños, el 22 de noviembre del 2001, Pulido fue capturado en la frontera y detenido durante tres meses por inmigración. Fue liberado tras ser reclamado por “un supuesto tío de Miami, que falsificó todos los papeles para sacarme. Le devolvió el favor a mi padrastro y yo quedé solo en Miami”, afirma.

Se convirtió entonces en un adolescente vagabundo de 15 años y cuatro meses en Miami. Hizo todo lo que pudo para sobrevivir: “Quebraba carros, robaba para comer. Ni hola sabía en inglés. Vivía en Overtown”.

Pulido cuenta que incluso quiso quitarse la vida. “Casi brinco del puente del MacArthur Causeway de la depresión. Un taxista me salvo: me dio $20 para comer. Al poco tiempo un policía me preguntó por qué no estaba en la escuela, y me llevó al departamento de niños y familias”.

Tenía 15 años y medio cuando empezó su recorrido por casas y albergues de acogida familiar. “Por primera vez en mi vida fui a una escuela, empecé a aprender inglés y empecé a ser prácticamente un niño normal, a tener un poquito de estabilidad”, explica Pulido, de 28 años, quien ahora forma parte de la Guardia Nacional de EEUU, trabaja a tiempo completo junto al alcalde de Miami Beach Philip Levine y sus comisionados, estudia en FIU relaciones internacionales y en marzo empieza en la academia de la policía.

Dos personas le cambiaron la vida para siempre. Rebecca Glover y Monica Newman, sus dos guardian ad litem. “Insistían en que tenía que terminar el high school, hicieron lo imposible. Terminé antes de cumplir los 18 años. Y luego fui a Miami Dade College. Me ayudaron a ser residente del estado de Florida, porque yo no tenía familiares aquí y el gobierno me quería deportar. Movieron cielo y tierra”, asegura.

Se enroló en el ejército de EEUU a los 20 años. Fue a la guerra de Irak durante 13 meses. Y en su primer permiso quiso ir a ver a su madre a Guatemala. Tenía 14 años y medio la última vez que la miró cara a cara.

“En Irak pensé que si me iban a matar quería regresar y ver a mi madre por última vez. Hacía 10 años que no la veía. Fue una mala idea porque ella me dijo que “para mi tú ya estás muerto”, se entristece al contarlo. “No importa el abuso que me hicieron pasar, como hijo siempre pensé que era mi deber ser un buen hijo y respetarla. Así que regresé a Irak molesto, sin miedo a la muerte y presentándome como voluntario para todo”.

En la vida Pulido ha pasado mucho y ha contado con la ayuda de pocas personas, pero “he tratado de aprovechar ese poquito de ayuda que me han dado los extraños y expandirlo a lo máximo. Me siento muy bien ahora”, aclara.

No querer continuar con ese ciclo de maltrato y abuso ha sido clave para la supervivencia de Pulido, quien dice: “Quiero parar ese ciclo en mi vida para tener un futuro. Me estoy preparando para que cuando llegue el momento, mis hijos no sufran ni la mitad de la mitad de lo que yo sufrí. Y ayudar a las personas que no han sido capaces de escapar de ese ciclo”, concluye Pulido .

Por su parte, la meta de Hincapié es “manejarles las campañas políticas a todos estos jóvenes preparados de foster care que saben realmente los problemas que tienen porque han sobrevivido, para que sean políticos de verdad y nos ayuden a salir de todos los problemas que tenemos en foster care, casas y albergues de acogida”.

Para ser voluntario Guardiam ad Litem o donaciones, www.beavoice.org

Twitter: @IsabelOlmos

Fuente: El Nuevo Herald

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