
Por Lourdes Fernández
Durante tres años, la pequeña Natalia estuvo obligada a cumplir los deseos sexuales de su padre. A sus cortos 10 años, era la única niña que veía las vacaciones como un tormento.
En aquella temporada –la única que solía pasar con su progenitor–, el depravado no solo la forzaba a ver películas pornográficas en su dormitorio, sino que también la ultrajaba de manera sistemática.
Luego de que la menor se atrevió a denunciarlo, Francisco Gutiérrez Pacora (43) admitió con frialdad que le había hecho tocamientos indebidos a su hija, pero negó que la hubiera violado. No obstante, los exámenes médicos mostraron lo contrario. Este es uno de los cientos de casos que ha puesto sobre el tapete el tema de los abusos sexuales que sufren muchos niños en nuestro país.
ALARMANTE. Solo en los tres primeros meses de 2011, unos 897 menores de 17 años han sido víctimas de abuso sexual, reveló el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (Mimdes).
Un estudio del Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual indica que la mayoría de víctimas fue de sexo femenino (787) y el resto, masculino (110). Los menores de 12 a 17 años son los más vulnerables a este tipo de agresiones, un preocupante panorama que refleja la desprotección de nuestra infancia.
El año pasado, más de 3 mil menores de 17 años sufrieron abuso sexual en todo el país. Es decir, un promedio de 200 niños al mes sufriría vejaciones. Pero, ¿cómo se explica una realidad tan preocupante?
Para Isabel Guillén, psicóloga del Mimdes, el rol que asumen los padres es fundamental ante esta clase de problemas. En tal sentido, afirma que hoy se evidencia un desinterés por incentivar los valores entre los menores, lo que, finalmente, ocasiona el surgimiento de una baja autoestima en ellos.
Asegura que los padres asumen el papel de “dueños” de los niños y ello hace que se sientan con poder para agredirlos tanto física como psicológicamente. “Los pequeños se vuelven retraídos, se aíslan y les temen a sus padres. Es por eso que cuando cometen actos violentos, no pueden contarlo con facilidad. Se vuelven propensos a reprimir sus emociones”, agrega.
Las estadísticas revelan que la mayoría de los agresores se encuentra dentro del propio entorno familiar. Entre los abusadores figuran los padres, los padrastros, los tíos y hasta los hermanos. “Lo grave es que, en esos casos, la madre es quien debe oír al niño, hacer la denuncia y no encubrir al familiar”, sostiene.
Sin Justicia. Las estadísticas del Registro Nacional de Detenidos y Sentenciados a Pena Privativa de la Libertad (Renadespple) arrojan que solo 651 acusados de violación a menores fueron detenidos en 2010. Peor aún, según los registros del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), solo 29 violadores han recibido la pena de cadena perpetua en los últimos 12 años.
La abogada del Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual, Emma Espinoza, dice que el reducido número de condenados por este delito se debe a que no hay un debido tratamiento de los casos en el Poder Judicial. “Hay demasiados beneficios para los acusados y poca atención para las víctimas. Los menores son expuestos a tortuosas diligencias que, la mayoría de veces, son canceladas”, refiere.
Según Espinoza, es necesario que se implementen mecanismos especializados para atender estas dramáticas situaciones y, además, que las víctimas sean tratadas como tales.
Fuente: PERU21